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¿Realidad o ficción? Netflix difumina la línea

Por: Francisca Domínguez (@kikadominguez)


Todos hemos escuchado la frase: “la realidad supera la ficción”. No parece tan fácil de creer cuando estamos sentados en el sillón sin que nada te pase porque estás encerrado en tu casa en cuarentena. Encerrado en tu casa hace más de un mes, al igual que todo el país, que todos los países del mundo, porque un virus desconocido proveniente de China (por la ingesta de un murciélago contaminado, según dicen los rumores) está infectando a pasos agigantados a miles, millones de personas, sin una cura visible al corto plazo. Y tú que pensabas que la realidad no supera a la ficción…


Cosas increíbles pasan en el mundo, esa es la realidad. Lo estamos viendo con el coronavirus. Pero no tenemos que levantarnos del sillón o salir a calle para conocer otros hechos difíciles de creer que en verdad sucedieron. Es cosa de poner Netflix. Aquí van algunas recomendaciones que, por lo menos a mí, me tuvieron al borde del asiento (bueno ya, de mi cama) en cada capítulo.


Nota: Sí, son documentales, pero que la palabra no te asuste. No son como los que te hacían ver en el colegio: éstos no te van a enseñar nada útil y te van a entretener tanto como una buena serie.


Tiger King:

Que la portada no te desmotive. No es sólo un vaquero gringo cuarentón obsesionado por los tigres. Una riña entre dos personajes cargada de ira, la desaparición de un marido, poligamia, un intento de asesinato y obvio, tigres. Muchos, muchos tigres.

Estas son algunas de las temáticas que trata este documental, que nos introduce en el curiosísimo mundo de los criadores de “gatos grandes”, como le dicen, y no es para nada lo que uno se espera. Nuestro protagonista, Joe Exotic, o el “Tiger King”, es justamente como lo dice su nombre: exótico. Si tuviera que describirlo, sería como una mezcla entre Keith Richards y Hulk Hogan, con un toque de cowboy y otro poco de diva. La historia sigue la enemistad entre Exotic y la (también excéntrica) dueña de un santuario animal, Carole Baskin, mientras muestra cómo funciona el submundo de la compra ilegal de animales exóticos y los lugares que se encargan de criarlos (y explotarlos).




Wild Wild Country:


Éste documental salió en 2018, pero recién ahora me animé a verlo y no me decepcioné. Son los 80s y un líder espiritual nace en India. Con túnica y barba larga, Bhagwan no difiere tanto de lo que nos imaginamos cuando pensamos en un gurú, salvo que además de promover la espiritualidad, la vida en comunidad, la meditación y todas esas cosas, tenía una mentalidad abierta hacia el disfrute de la sexualidad y de las cosas materiales. ¿No suena tan malo, cierto?

La comunidad en India comienza a crecer y a ganar seguidores de todas partes del mundo (y a ganarse el odio de las religiones oficiales y autoridades políticas), por lo que los líderes deciden trasladarse a un lugar donde tendrán más espacio y no los molesten tanto como en India: Oregón, Estados Unidos. GRAN ERROR. Ahí comienza el documental y los problemas para la pequeña localidad vecina, Antelope, compuesta por un total de 50 personas, mayormente jubilados conservadores que no ven con buenos ojos la llegada de miles de jóvenes vestidos de rojo y naranjo.


Fyre:


El festival del siglo que nunca ocurrió. Este documental de hora y media revela cómo se desarrolló y organizó el fiasco del Festival Fyre, en manos de un niño rico llamado Billy McFarland, de la mano del rapero JA Rule. Prometía un espectáculo del nivel de Coachella o Burning Man, pero en la mismísima isla privada de Pablo Escobar en Las Bahamas, con un video promocional protagonizado por una decena de las supermodelos más cotizadas del momento arriba de un yate en medio de las aguas turquesas del Caribe. ¿Qué podía salir mal? Bueno, todo. Inserte aquí el meme “expectativa vs. realidad”.

Más allá de los hechos y decisiones insólitas que se muestran del proceso de organización y logística de este festival, Fyre nos entrega una probada de lo poderosas que resultan las redes sociales, la publicidad a través de los influenciadores correctos y el F.O.M.O. (Fear of Missing Out o Miedo a Perderse Algo) que mueve a los millenials a hacer cosas estúpidas.

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